Los escondites del Parque de María Luisa
Cuentan que no hace mucho, en otro tiempo, los anaqueles del parque estaban llenos de libros. Y que cada glorieta, gustosa, regalaba historias sin prisas al ciudadano. Paraísos envueltos en Bécquer, Darío, Cervantes o los Machado. Dicen que en una de esas glorietas, hay una guía oCulta en un misterioso anaquel. Si la ves, abróchate el cinturón: partimos a un mundo fantástico. 
Cual planos del tesoro, Francisco Vélez Nieto nos entrega su Guía oCulta del Parque de María Luisa, de Guadalturia Ediciones. Un mosaico ilustrado con piezas cerámicas que recrean motivos literarios y populares. Recortes, cromo a cromo, del detalle escondido, la menudencia olvidada. Paseo secreto entre glorietas y poetas -como reza el subtítulo- de quien mira para sorprenderse.
Rayuela de baldosas amarillas entre pérgolas y especies botánicas, plazas y pabellones. La arquitectura de Aníbal González, en su seno, esconde joyas arqueológicas: busquemos el oro del Carambolo pepita a pepita o flor a flor, como Juan Ramón Jiménez: “Ejemplo de mi vida es esta rosa / que de mi muerte, vida eterna, brota”. Personajes de leyenda nos esperan, como Carmen la de Mérimée, dispuestos a acompañarnos entre ranas y leones. Estatuas con voz de cantantes y poetas, estanques de tinta Lorquiana hecha luz “a las cinco de la tarde”. Así nos lo cuenta Lola Crespo: “Antes del canto del mirlo / amaneció la metáfora / vestida de agua”. Elige tu propio sendero, junta tus zapatos, y sigue los pies de tu imaginación: siempre estarás acompañado.

Vélez vital, enamorado, nos tiende la mano y nos pasea por los diseños de Forestier: “¡Camino qué largo eres, / cuán largos son los caminos!”. Lo efímero hecho piedra, pero también agua y vegetación. Poesía vivida, escrita y dibujada, oCulta al guiño aventurero que la quiera descubrir. Bien nos lo avisa Antonio Machado: “Esto es sumamente serio / y encierra un sentido grave. / La fuente tiene un misterio: / dice…lo que el niño sabe”. Una excursión curiosa para hormigas con alma de cigarra, para amantes del parque sensual, literario y mítico:
“Mas a pesar del tiempo terco,
mi sed de amor no tiene fin;
con el cabello gris, me acerco
a los rosales del jardín…
Juventud, divino tesoro,
¡ya te vas para no volver!
Cuando quiero llorar, no lloro…
y a veces lloro sin querer…”
Rubén Darío
(Fragmento de Canción de otoño en primavera)
Texto y fotografía: Lorenzo Ortega
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Artículo de Francisco Vélez Nieto a propósito de “La novela de un literato” de Rafael Cansino Asséns (descargar PDF).

