Papeles. Número 2/Julio 2010

De cómo se ruboriza una caricatura en b/n cuando se la acaricia con un lápiz bermellón (coro de quejas a cuatro voces)


MANOS DIESTRA Y SINIESTRA:

Ésta es la historia de una caricatura triste, entregada a un pintor que no sabía pintar. Y se quedó tatuada en sí misma, desdibujada para siempre contra el papel.  Ella es ornamento onírico, retrato difuso de un alma ilusionada,  desguazada luego con mina dura. Papel expuesto a punta de cuchilla. Pero aún la puedes despertar. Dale color y apártate, valiente: contemplarás, de repente, la frágil detonación. La suave explosión carmín que, aliviada, nos la devuelva.

CARICATURA:

Como una caricatura me desdibujo
a cada trazo que marcas en el papel.
Cada línea, cada surco de mi rostro
es una palabra herida,
un nosotros perdido
en el carboncillo de tu mano
que nunca aprendió a dibujar.

LÁPIZ BERMELLÓN:

Caricatura, no sufras: eres bella y sinuosa, date una oportunidad.
Lo que pasa es que no te han sabido pintar.
Necesitas nuevos trazos de color:
Caricatura, soy el lápiz bermellón y te quiero colorear.
Nadie te hizo, belleza triste: naces de la inercia de tus curvas.
No es quien te pinte, es quien te ilumine, quien dé piruetas de Alpino
sobre tu cara, a ritmo de punta redondeada, alrededor
de tus pómulos blancos aún.
Es quien te alivie la tinta negra, chapapote
de alondra. Es quien, con su canto, te venga a pintar,
¡oh roja galaxia contenida! Por ti, ¡oh Guiomar!

Dibujo: Lorenzo Ortega

Textos: Mª Luisa Viu Blanch y Lorenzo Ortega.

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