Papeles. Número 1/Mayo 2010

Pic-nic. Lorenzo Ortega Belchiz

Tu nombre

Tu nombre, palabra contra el olvido”
(Tu nombre, Javier Ruibal)

No me gustan los bolígrafos,
al segundo su tinta se seca
y lo escrito queda para siempre.

No importa cuánto pases los dedos por encima de las palabras,
se quedan ahí.

Recuerdo la parte gris de las gomas de borrar
que usaba para eliminar ese trazo
en los años de escuela.
Rascaban el folio
y le dejaban una herida.

Pero era la única manera de poder volver a empezar
aunque fuera sobre una superficie
extremadamente frágil y latente.

Ahora entiendo
por qué y para qué
tengo esta marca en la parte izquierda de mi pecho.

Irene Nárdiz

Flor-sol. Lorenzo Ortega Belchiz

Quizá nunca te has ido porque nunca viniste,
Quizá nunca has estado cuando estabas aquí porque estabas allí,
y yo me confundía, pobre inesita cursi,
y cama no era cama sino diván de amiga
y Henri James y Barthes nos miraban perplejos
sintiéndose citados entre risas y amagos de saxo, digo sexo.

Pobre inesita triste, cursi inesita tonta
boquiabierta delante de la tumba de ese que jamás existió.
Perdón porque perdón pendón pero
sigo perpleja tonta y hasta tristona a veces.

Necesito otras gafas y hasta otro sonotone.
Quizá sólo era saxo
O vamos, digo yo.

Miriam Palma

Huero. Lorenzo Ortega Belchiz

Señales horarias

Ahora hay un mar lleno de niñez rota
y de caminos de bronce con rumbo al Norte.
Nunca estuvo Europa
más lejana que el ayer que ya es hoy,
cuando cada nochelas olas siempre devuelven el Sur,
indigestado como una isla,
en aquel páramo sin aliento
para desaparecer,
como viene siendo costumbre,
al filo de las noticias,
cuando cada madrugada
una mano escribe el guión
como la historia de siempre,
con los mismos gestos,
las mismas costas,
las mismas playas
y el mismo silencio
a golpe de décadas.

(…)

Lola Crespo

Late Corazón. Lorenzo Ortega Belchiz

El dolor que me produce dejarte
es mayor que el que tu amor me causa
la idea me acosa, me oprime
me atormenta, me ahoga.

¡Oh si pudiera de mí arrancarte
como las olas del mar la arena
y si la bruma me envolviera
y me llevara lejos para no sentir nada!

Sorbo mientras escribo las lágrimas
que ingratas se desparraman
mientras la soledad impertérrita
dice: ¡Llora, llora si es verdad que lo amas
y  deja que fluya en cada gota un trocito de tu alma!

El silencio mudo rodea mi sombra
y crea a mi alrededor una
atmósfera helada.
Se me acaban las palabras
siento cómo el corazón se desgarra
por el dolor que amarle me causa
y sin embargo no puedo
apartar de mí su mirada.

María Luisa Víu Blanch

Metropolitain. Lorenzo Ortega Belchiz

Lo mismo que París
-siglo tras siglo-
muda su piel de tela de comerciante,
yo mudo trajes de brillo
por otros de oscuridad.
Noches de cabaret
habitan mis entrañas,
tinieblas de humo y neón.

Lorenzo Ortega Belchiz

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